El Cristillo

Nuestro reto, hacer que su estancia sea estupenda
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Historias, leyendas y costumbres…

Aquí llegó, en tiempos de los que no hay memoria, digamos por nuestra cuenta que el siglo XVII, un pobre desvalido y mendicante, que llamaba a las puertas "Ave María Purísima. Una limosna por Dios".. y la gente lo socorría como era menester. Y no qué gracia debió hacerle la gente del pueblo, que le avisó al corregidor y a los alguaciles que pretendía dejar en tan hermoso lugar una RELIQUIA DE SU PASO. Y puso unas condiciones: - La primera que lo tuvieran encerrado con llave echada y en casa sin gente. - La segunda que le arrimaran cada día su condumio por la gatera de la puerta. - La tercera que nadie lo llamara y a nadie se dijera si vinieran a buscarlo, dando señas de su paradero, y la última que San Pedro de San Felices, de todo ello, habría de medrar. El corregidor, los alguaciles, los mayordomos y el común de los vecinos, se hicieron solidarios en el trato y llegó el día en el que el condumio se quedó en donde lo pusieron. El pobre no lo había retirado como de costumbre…. Se corrió la voz de que habría muerto. Se echó mano a la llave que la tenía bien alzada el señor cura y se rebuscó la casona, sin hallar rastro del pobre, ni muerto ni vivo. Lo que sí hallaron fue este Cristo bendigo del Consuelo, tal cual usted lo ve ahora, sólo que allí, entre astillas, cortezas de árbol y recortes de la leña. Un hacho y una azuela. Se había esfumado el pobre y había una halladura bien distinta: esa maravillosa estatua del Santo Cristo, que, sin que nadie sepa porqué y cómo, dejaba de reliquia a nuestro pueblo aquel pobre mendicante..